José Dimayuga o la filosofía al borde de un ataque de risa (gay). Por Juan Carlos Moctezuma.


Uno de los planteamientos nodales en materia de filosofía que el ser humano se ha hecho es aquella relacionada con la objetividad- subjetividad.
Desde los primeros pensadores griegos –y quizá desde antes– el dilema del punto de vista sobre el mundo circundante ha sido una de las preocupaciones torales de la mayor parte de las escuelas filosóficas a grado tal que cada una de ellas ha desarrollado, en mayor o menor medida, una fenomenología al respecto.
Sin llegar a un acabado ejercicio del intelecto, los seres humanos todos los días enfrentamos esta disyuntiva que al confrontarla con nuestros pares, casi siempre termina en una discusión: desde una simple fricción conyugal hasta un conflicto político de proporciones bélicas.
La objetividad-subjetividad es parte fundamental de la condición humana y así lo retrata el dramaturgo José Dimayuga en su obra La forma exacta de percibir las cosas, estrenada ayer en las Jornadas Alarconianas en Taxco.
Una pareja gay de hombres maduros que decide pasar una vacaciones en la costa ven transformada su decaída relación con la aparición de un ilustre fantasma: el medico de cabecera de Carlota de Habsburgo, la esposa del emperador Maximiliano.
Paulino, un escritor, y Frank, su asistente, llevan a la costa sus diferencias conyugales tras años de relación, y ahí, en el menos probable de los escenarios, el segundo, especialmente creyente de fenómenos del más allá, conoce al espíritu de Louis Henry y trata de convencer de ello a su pareja.
Eso ocasiona la crispación entre ambos cuando cada uno intenta convencer al otro de sus creencias, situación que llega al límite cuando Paulino conoce al fantasma y tiene una relación cuasi sexual con Louis Henry. A partir de ese momento afloran las dudas, los celos y la insatisfacción de Frank quien decide ponerle fin a la relación de una forma por demás decimonónica: un duelo a muerte que finalmente no lo es. Con esta obra José Dimayuga refrenda su compromiso con un teatro libre y lúdico, sostenido por mordaces diálogos no exentos de humor ácido.
El hecho de que muchos de sus personajes sean homosexuales, no encasilla a su obra como teatro gay. Por el contrario, el autor entiende que la estética, filosofía y moral gay forma parte ya de una nueva sociedad mexicana en la que ya cabe todo.
Lo que si  aprovecha en sus diálogos es la picaresca inherente del libro aún no escrito de la Nueva picardía gay mexicana, que compendia el lenguaje propio de la comunidad LGBT y que es una mina de humor sexoso, corrosivo e irreverente.
Uno de los actores fetiche del dramaturgo, Enrique Caballero –la otra es Malena Steiner–, interpreta sobriamente a un centrado Paulino que ve las cosas desde una perspectiva analítica. Por el contrario, el debutante Miguel Ángel Sotelo –toda una revelación tomando en cuentas que es un artista plástico metido a la actuación, suponemos que por alcahuetería del dramaturgo–, da vida a un personaje siempre al borde. Ese contraste entre ambos es el motor de esta comedia con tintes Woodyallenescos y Almodovarianos que confirma la vigencia de uno de los autores teatrales más relevantes del estado de Guerrero. Y eso que no sabe de filosofía.
(Publicado en El Sur, Acapulco Gro., 22 de mayo, 2012.

LA FORMA EXACTA DE PERCIBIR LAS COSAS, de José Dimayuga.


En el marco de las XXV Jornadas Alarconianas, en la ciudad de Taxco, Gro., se presentará la obra de teatro:

La forma exacta de percibir las cosas 
Dramaturgia y Dirección: José Dimayuga 
Clasificación: B
21 de mayo
Actores: Enrique  Caballero  y  Miguelangel  Sotelo
Asistente de Dirección: Noelia Agüero

Frank  y  Paulino  tienen  55  años  de  edad.  Los  dos  están  casados.  Pasan  sus  vacaciones  en  Puerto  Ventura.   En   el   búngalo   que   rentan,   en   la   playa,   Frank   ve   un   fantasma   y   se   hacen   amigos.   Paulino   no   lo   cree  y,  días  después,  lo  conoce  despertando  los  celos  de  Frank.  El  fantasma,  de  nombre  Louis  Henry,   será causa de que el rumbo de las vidas de Frank y Paulino cambien radical y definitivamente. La complejidad  de  las  relaciones  amorosas,  los  celos,  la  rivalidad  son  temas  que  se  abordan  en  esta  obra   con  tintes  de  comedia  y  farsa.

ZOMBI


Sueño que se me acerca mi amigo Marco y me saluda. Lo noto alegre porque me ve después de muchos años. A mí más bien me sorprende porque sé que ya se murió. Entonces, ¿no ha muerto? Me acuerdo de cuando éramos grandes amigos y siento una profunda nostalgia. Le digo que hacía tiempo que no lo veía. ¿Qué has hecho? Él sonríe. Caminamos. Alguien me dice que debe tratarse de un zombi y la manera de descubrir a un zombi es mirándole los puños y el cuello de su camisa. Si están sucios es un zombi. Miro los puños y el cuello y, sí, están bien puercos. Marco es un zombi. Qué  miedo. Entre la frente y el pelo le noto unas puntadas ocultas bajo un maquillaje mal aplicado. La camisa la tiene abierta; debajo usa una playera que tiene un número impreso que puedo leer con claridad: 1999. Y pienso: ¿Por qué tiene una fecha de 1999 si Marco murió en 1991? ¿Cómo consiguió esa playera? Me aparto de él y camino calle abajo. El corazón lo tengo muy acelerado. El camino no es de pavimento; es de lodo. La mejor forma de avanzar es patinando. Me deslizo como un surfista sobre el lodo, y llego a una especie de cancha de basquetbol, abandonada. Y vuelvo a encontrar a Marco. Pero ahora es mujer. Conversa animada con otras dos chicas y pienso que las tres son putas. Visten y calzan como putas: de mucho tacón y vestido ajustado.