AFECTUOSAMENTE, SU COMADRE, en Acapulco.

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Por dos razones Afectuosamente, su comadre, tiene que presentarse en Acapulco: 
1) Vicky, La Diabla, uno de los personajes de la obra, es oriunda del Puerto. Trabajó en varios antros, cantinas y fondas antes de emigrar a la capital a buscar fortuna, amores y aventuras como buena Quijota. 2) En el mismo bello puerto, Luis Zapata dirigió la peli con las actuaciones de Enock Rodríguez y Malena Steiner, en los papeles de Vicky La Diabla y la maestra Antonia, respectivamente.
Este jueves todos los arriba mencionados nos daremos cita en el hermoso Fuerte de San Diego para presentar el libro con el sello de la editorial Quimera. Con nosotros también estará el editor Sergio Téllez-Pon quien nos hablará sobre la primera editorial Queer de México.
Bueno, lo cierto es que hay más razones por las que hay que presentar este libro en mi adorado puerto. Luis Zapata y yo somos de esas tierras surianas y harto gusto nos dará saludar a grandes y entrañables amigos que tenemos por allá.
Si alguno de ustedes anda en Acapulco este jueves 15 de abril, acompáñenos. De veras que la vamos a pasar bien.

La Limpia

Sueño que mi hermana Nancy me dice: "Acuéstate porque doña Juanita te va a hacer una limpia." Veo a doña Juanita vestida de negro. Estamos en la bodega de la tienda, con escasa luz, cuando la bodega era de adobe y techo de teja. Me acuesto boca abajo en el suelo. Y no me hace ninguna limpia sino un masaje, quizá por aquello del dolor de espalda y cuello que tengo. Entonces siento las manos largas y huesudas de doña Juanita en mi espalda; luego, presiona la parte donde se junta la espalda con las nalgas. Las bolas tensas que tenía van desapareciendo. Pero hay un momento en que siento un temor grande; percibo algo malévolo en la presencia de doña Juanita. Quiero despertar, y no puedo. Trato de gritar y me sale un mugido. Abro los ojos y veo mi habitación en penumbras y la sombra de doña Juanita vestida de negro a un lado de mi cama. Siento unas manos cuya presión en mi espalda me hunden al sueño y me encuentro en la bodega. Intento nuevamente despertar y me sale un grito sordo y veo mi recámara en penumbras. Otra vez las manos en mi espalda me hunden en el sueño. Mi grito me impulsa a la vigilia; pero las manos de doña Juanita me jalan al sueño. Voy de uno a otro lado sin despertar del todo. 
Ahora que escribo este sueño, mi dolor de espalda ha desaparecido.

LA ORIENTACIÓN DEL GATO

Ayer llegó El Gato de Palma Gorda y llamó para decirme que tenía ganas de salir a bares. Fuimos a tres; y no porque nos guste mucho la boruca sino por todo lo contrario; buscábamos uno donde pudiéramos platicar. En los dos primeros hacía tanto ruido que salimos antes de que nos reventaran los oídos. En el tercer bar la música era más tranquila y pudimos chacotear a gusto. Allí mi amigo me puso al día de los chismes del pueblo: la boda de Ceci en El Canal; la renuncia del síndico municipal por razones de no sé qué cosas, y otras noticias que poco tienen que ver con lo que quiero contar en esta nota.
El Gato y yo nos habíamos bebido tres cervezas cuando dijo: “Ora vuelvo, voy a echarme una meada.” Dio media vuelta y se dirigió al fondo del bar, donde se encontraban los escusados. Yo puse la mirada hacia un estríper que bailaba trepado en la barra y blandía su verga por los aires. La verdad, el tipo no me parecía bueno, más bien se me antojaba cínico, pues a su avanzada edad, yo le calculé unos cuarenta años, mostraba sus carnes flácidas ante un público poco interesado en su chou; salvo un anciano que, con los codos sobre la barra, observaba al estríper con devoción religiosa. En esas estaba yo cuando escuché una voz en mi oreja que dijo: “No te claves, güey.” Di media vuelta y me encontré la cara ancha de Gerardo, un cuate de mis tiempos universitarios que no veía desde hacía dos décadas. Nos abrazamos con gusto y en seguida me contó que vio Alicia en el país de las maravillas y abandonó la sala porque le pareció que Tim Burton había hecho pedazos el texto de Lewis Carroll. Yo le dije que a mí me había hecho mucha gracia eso de ponerme gafas y disfruté de veras el 3D pues en mi vida había visto. Gerardo me invitó una cerveza y hablamos de teatro. Yo acababa de pagar la siguiente tanda de chelas cuando apareció El Gato con un chavo de piel y cabellos oscuros pero de ojos verdes. Me lo presentó. El chavo dijo que se llamaba Ólber y era de Veracruz. Yo les presenté a Gerardo; pero El Gato y el veracruzano no se integraron a nuestra plática; se apartaron para seguir la charla que seguramente habían iniciado en el baño. Yo, la verdad, ya estaba hasta el gorro de cerveza y antro; así que le dije a Gerardo: “Yo pienso que ya me voy, mano.” “Okey, dijo Gerardo, nos vemos dentro veinte años.” Nos reímos y nos despedimos. Le hice señas al Gato de que ya me iba. El Gato se despidió de su cuate y se reunió conmigo. Le dije que se quedara con el chavo que se ligó en el baño, que no había pedo, yo podía tomar un taxi solo. El Gato dijo que ya se sentía cansado y que se iría mejor a dormir a su hotel. Los dos caminamos hacia la avenida Insurgentes. En el primer taxi que le hicimos la parada me subí después de darle un fuerte abrazo al Gato. Le dije que me había dado mucho gusto verlo y le pedí que me llamara la próxima vez que viniera al D.F. para chelear de nuevo.
Al llegar a casa, abrí la compu para ver qué ociosidad habían posteado mis contactos del Facebook. Una hora después, me lavé la boca y me metí en la cama. Entonces, mi celular sonó cuando alguien me envía un mensaje. Lo abrí y leí: “Soy El Gato. ¿Ya te dormiste? Me pasó una cosa bien rara. Llámame porque casi no tengo crédito.” El mensaje me preocupó. ¿Qué le pudo haber pasado al Gato? Lo levantaría alguna patrulla porque se puso a mear en la vía pública? ¿Lo asaltarían? ¿Alguna pandilla le habrá echado bronca al verlo solo? Le marqué. El Gato dijo que cuando me metí al taxi, Ólber, el jarocho que se ligó en el baño, se reunió con él y lo invitó a su casa. El Gato y Ólber tomaron un  taxi que los condujo al oriente de la ciudad. En el trayecto, Ólber le contó que vivía solo, trabajaba en un despacho de arquitectos, pero él no era arquitecto sino un actor desempleado que encontró chamba como fotocopista en ese despacho de arquitectos. Luego, el jarocho le preguntó a El Gato que a qué se dedicaba. El Gato había dicho apenas tres frases cuando el jarocho se durmió. El Gato vio que el taxista avanzaba lento sobre la avenida Ermita Iztapalapa, ahora abierta porque se encuentran construyendo una línea del metro. Los minutos pasaban y El Gato tuvo que sacudir el hombro para que el jarocho despertara. Ólber dijo: “Todavía falta un buen”. Y se volvió a jetear.
El taxi entró a un callejón, luego dio vuelta a una calleja, después subió por una calle empinada y en la punta se detuvo. Ólber pagó y se bajaron del taxi. Ahora subieron por unas escalinatas que los condujo a otra calle. Ólber dijo: “Yo vivo en ese edificio que ves allí.” Pero a medida que fueron avanzando, Ólber se mostró cada vez más y más inquieto. “Virgen santa”, dijo Ólber. “¿Qué pasa?”, preguntó El Gato. “¿Creo que Carlos está en la casa.” “¿Carlos? ¿Quién es Carlos?”, preguntó El Gato. Pero Ólber no le contestó la pregunta, sino que dijo: “¡Jijos, sí! ¡Carlos está en la casa porque esa es su bicicleta! Carlos está allí, no mames.” “¿Quién chingados es Carlos, güey?", volvió a preguntar El Gato, exasperado; y otra vez no obtuvo respuesta porque el jarocho dijo: “Espérame aquí, por favor. Aguántame, ¿sí? Voy a hablar con él.”
El Gato esperó donde le habían indicado y vio a Ólber que entró al edificio. Luego, miró cuando la luz del primer piso se encendió. Después escuchó la voz asustada de Ólber que dijo algo así como: “No, no me pegues si podemos hablar ¡No hice nada malo, Carlos! ¡Ay, ay!” Luego, escuchó un vaso de vidrio reventándose contra la pared; después un plato; la voz de Carlos que decía: “¡Ora sí te va a cargar la verga, hijo de tu pinche madre!”, y el estruendo de una vitrina que caía al suelo con todo y trastes. Los ayes de Ólber se multiplicaron revueltos con las injurias de Carlos. Los perros del vecindario comenzaron a ladrar. El Gato vio que la luz de dos departamentos se encendieron. Fue entonces que decidió alejarse del edificio. Llegó a su hotel gracias a su sentido de orientación felina, y porque Dios es grande.

Cables

Sueño que un hombre se electrocuta con unos cables de alta tensión.
Él está parado bajo unos cables que pasan a unos cinco metro sobre su cabeza; de pronto, el hombre se eleva y queda pegado, de la cabeza, a los cables. Pero no grita ni se estremece por la descarga; se muere tranquilamente y pegado al cable. Lo mismo le pasa a un chamaquito; se eleva y queda pegado de la cabeza. A dos mujeres que pasan frente a mí les digo que tengan cuidado porque esos cables están jalando a la gente. Ellas sólo sonríen con burla.  Y se paran justo debajo de los cables, y al punto son jaladas hacia ellos. Yo estoy temeroso; no quiero que mi familia acabe electrocutada.
¿Qué me querrá decir este sueño?

Escritores mexicanos en Nueva York



El próximo 12 de marzo a a las 7 pm, Odette Alonso, José Dimayuga y Nayar Rivera leerán su obra literaria en la librería McNally Jackson, situada en 52 Prince Street, en el barrio de Nolita, una de las librerías independientes más importantes de la ciudad de Nueva York y cuenta con la sección en español más relevante.

En la lectura, moderada por el director editorial de la
editorial Quimera, Sergio Téllez-Pon, los escritores leerán los poemas de Rivera del libro Reglas de Urbanidad, fragmentos de la novela Espejo de tres cuerpos de Alonso y la clásica obra de Dimayuga Afectuosamente su comadre, recientemente editada de nuevo por Quimera.

Los escritores firmarán su obra después de la lectura. Abierto al público en general.
Odette Alonso 
Nació en Santiago de Cuba y reside en México desde 1992. Es poeta, narradora y ensayista. Ha publicado ocho poemarios, un libro de relatos y Quimera publicó su novela Espejo de tres cuerpos. Ha sido incluida en antologías de poesía y narrativa. Textos suyos aparecen en revistas literarias y páginas de Internet. También es compiladora de la antología Las cuatro puntas del pañuelo. Poetas cubanos del exilio y la diáspora, Premio del Cuban Artists Fund de Nueva York en 2003. También ganó el Premio Internacional de Poesía “Nicolás Guillén”.
José Dimayuga 
José Dimayuga es dramaturgo y novelista. Sus piezas teatrales han ganado premios mexicanos como el Premio Nacional de Dramaturgia por Afectuosamente, su comadre. Su primera novela se publicó en 2007. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y Coordinador del Festival de cine lésbico gay mexicano, Nuevas miradas Nuevos ámbitos. En Quimera Publicó las piezas teatrales en el volumen Triple función.
Nayar Rivera 
Nayar Rivera ha publicado poesía, cuento, ensayo, crítica literaria y periodismo en diversos medios impresos de México y se ha presentado como creador escénico en diversos e importantes foros de México con performances y la pieza de Cabaret Somos No obvios sobre la escena post-gay en México. Quimera publicó su poemario Reglas de urbanidad. En la actualidad prepara en Nueva York un libro de ensayo-ficción sobre paralelismos culturales entre México y los Estados Unidos y su segundo poemario.
Sergio Téllez-Pon
Sergio Téllez-Pon es poeta, ensayista, crítico literario, narrador, editor y guionista. Funge como director literario de Quimera. Parte de su obra ha sido traducida al francés y portugués y compilada en distintas antologías. Actualmente escribe su primera novela y el guión de su segundo cortometraje. En Quimera publicó No recuerdo el amor sino el deseo.

Editorial QUIMERA y las luces de Nueva York.

Si de casualidad andas por Niuyol, ve a la NYU donde daremos una charla sobre literatura y vida Queer en México. En la McNally Jackson Books, presentaré el libro "Afectuosamente, su comadre". ¡Te esperamos! Da clic en la imagen para agrandarla.

LAS SINUOSIDADES DEL DESEO*, por Antoine Rodríguez**

Primero quisiera dar las gracias a la Editorial Quimera por haberme invitado a presentar Afectuosamente, su comadre de José Dimayuga. Es una Editorial que empiezo a conocer bien y cuya política de publicación en torno a temáticas “homoeróticas” me parece muy interesante, sobre todo en estos momentos en que la cuestión del matrimonio gay se ha convertido en un receptáculo socio-político de homofobia delirante. Ya he leído y me han gustado los libros siguientes : Un buen negro de Adolfo Caminha en la excelente traducción de Luis Zapata; Melodrama de Luis Zapata, una de sus mejores novelas; Triple función de J.J. Blanco, José Dimayuga y Luis Zapata, Lenguas en erección de Juan Carlos Bautista, El sol de la tarde de Luis González de Alba.
Es un honor para mí tener la oportunidad de presentar la obra de un talentoso dramaturgo a quien aprecio y considero como amigo entrañable, fuera y dentro del Facebook. Descubrí dramáticamente a José Dimayuga en Puebla, hará como dos años, a través de la puesta en escena de una especie de collage que se titulaba Hoteles de Puebla y que incluía dos obras cortas del autor : Me duele que te vayas y Bye bye Acapulco. Ambas obras, además de ser divertidas, son dos joyitas teatrales, muy bien estructuradas y escritas. Luego, unos meses después, con motivo de la preparación de un número especial Teatro queer latinoamericano que me encargó la Revista Tramoya, llamé a José Dimayuga para preguntarle si me autorizaba a publicar Me duele que te vayas. Nos citamos en una cafetería y la charla que yo suponía corta y profesional se convirtió en una larga, agradable y amistosa tertulia sobre teatro y literatura, al principio, pero muy rápido pasamos a hablar de las cosas sabrosas de la vida. Descubrí a un hombre fascinado por la vida, por las sensaciones que nos procura, por el intercambio conversacional ameno y humano, con una capacidad de escucha y de reacción sin prejuicios, salpicada de humor, y con una curiosidad propia de un niño que todavía quiere comprender los misterios del mundo.
Había oído hablar de Afectuosamente, su comadre, me enteré incluso de que Luis Zapata había dirigido un largometraje con esta obra pero sólo ahora, con motivo de su publicación en la Editorial Quimera, pude leerla. Afectuosamente, su comadre, es como lo anuncia implícitamente el título, una obra tierna, divertida y sensual. La situación de la que parte, el encuentro improbable de dos seres socio-culturalmente asimétricos (Una maestra sesentona y un joven travesti) es altamente teatral, como lo es en general la confrontación de los seres asimétricos. Esta situación programa un acercamiento íntimo a puertas cerradas y el espectador está invitado, de manera privilegiada, a entrar en esta intimidad.
Me parece que el personaje más interesante no es, como se podría pensar Vicky, el travesti, sino la maestra que consigue alcanzar un grado superior de melodramatismo. Vicky parece ser el prototipo de la vestida, acostumbrada a una estigmatización social que no le impide disfrutar del sexo y soñar con la vida que le prometen los diferentes galanes. El encuentro con la maestra no cambia radicalmente su vida pero sí le aporta el calor humano del que carece frecuentemente. En cambio para la maestra, el encuentro con Vicky va a provocar un trastorno emocional y social de 8 grados de magnitud en la escala de los sentimientos. Vicky va a ser para la maestra la mujer lastimada a quien atropelló con su carro, el monstruo cuando descubre que es biológicamente un hombre, la posible amiga o comadre y el objeto sensual de un fuerte enamoramiento. Todo un recorrido que pasa por la simpatía, el rechazo y finalmente el deseo erótico. Ese recorrido también podría ser el del espectador. Detrás de la máscara de la “solterona” decente se esconden una mujer desgraciada, desesperadamente sola, y un cuerpo en dramáticas ayunas sexuales. Frente (y gracias) a Vicky, frente a ese cuerpo de hombre con tonalidades femeninas y contra todas las reglas de decencia y de homofobia que una educación pública han anclado en su mente, la maestra se libera, vive, con la ayuda de unos cuantos tragos, una especie de revolución socio-sexual: besa, acaricia, chupa el cuerpo de Vicky y se enamora. Este cambio, expresado en filigranas por la división de la obra en 7 días -7 es la cifra convencionalmente simbólica del cambio- tiene un tono que podríamos calificar de queer, sobre todo porque nos sitúa en una zona movediza del deseo lejos de la estricta norma convencional de la heterosexualidad. No se puede decir con exactitud de quién o de qué se enamora la maestra : ¿del cuerpo del hombre joven? (heterosexualidad) ¿de la mujer que genéricamente compone Vicky? (homosexualidad) o ¿de su combinación sexo-genérica? La maestra se enamora de una persona/personalidad, como creo lo hacemos todos, sin importar las marcas sociales del sexo biológico o del género.
Otro aspecto interesante de la obra es, como ya señalé, su división en siete secuencias que corresponden a siete días. El transcurso temporal, que rompe con la sagrada unidad teatral inspirada en la (mal)interpretación de la poética aristotélica, no sólo le da a la obra un ritmo sostenido sino que permite que se explayen los sentimientos y que se concrete un verdadero acercamiento entre los personajes. La dinámica de las réplicas y de las acciones conlleva en sí un aspecto cinematográfico. De hecho, los personajes aluden varias veces a películas que han visto, que comentan y que nutren su imaginario (El coleccionista, Atrapado sin salida, La isla de los hombres solos, Daniana y los hombres). No creo que sea exagerado encontrar puntos comunes entre Afectuosamente, su comadre y la novela sumamente teatro-cinematográfica de Manuel Puig: El beso de la mujer araña. En las dos obras se da, a puertas cerradas, una confrontación entre dos personajes asimétricos, uno atrapado en las convenciones sociales de la heteronorma, el otro portador de una sexualidad diferente. En las dos obras, el personaje más convencional, tras un recorrido mental que se desarrolla en el transcurso temporal, acaba siendo seducido por el otro “disidente” sexual. Pero en la obra de José Dimayuga, la presentación de un personaje travestido permite construir una situación ambigua, una frontera borrosa por la que se mueven las sinuosidades del deseo.
Me gustaría subrayar la habilidad de José Dimayuga en la elaboración de las réplicas de los personajes. Frente a numerosas obras de teatro donde el artificio, lo artificial, de los diálogos obstaculiza la ilusión de realidad, donde lo que dice un personaje es intercambiable y anula la construcción de verdaderas personalidades, José Dimayuga, con un lenguaje salpicado de ingredientes melodramáticos, va creando personajes en los que uno cree inmediatamente, ocultando de este modo el artificio o fabricación teatral. Sus personajes, por ser tan reales, nos atrapan, nos interesan desde el principio y nos van llevando magnéticamente hasta el desenlace.
Otra de las habilidades de José Dimayuga es su juego con los estereotipos temáticos y discursivos del melodrama : la maestra que se casa con un cojo que muere atropellado por un tranvía, días después de la boda; el travesti a quien algunos “maridos” le han desfigurado varias veces la cara; la partida de Vicky cuando la maestra ya no puede prescindir de su presencia. Afectuosamente, su comadre es un melodrama escrito con la distancia de un dramaturgo que se propone jugar con los códigos del melodrama para dar a ver, de manera divertidísima, tierna y “militante”, una realidad sociocultural fuera de las convenciones de lo socio-sexualmente correcto.

* Texto leído en la presentación del libro Afectuosamente, su comadre (ed. Quimera), en el Palacio de Minería, el 25 de febrero de 2010.
** Antoine Rodríguez es doctor en literatura hispanoamericana por la Universidad Paul Valéry (Montpellier) e imparte clases de literatura y talleres de teatro en la Universidad Charles de Gaulle - Lille 3, Francia.